Francis Bacon: El Genio Deformador que Abrazó el Exceso y la Destrucción
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Si existe un artista que personifica el espíritu crudo, salvaje y profundamente incómodo del siglo XX, ese es sin duda Francis Bacon. Su obra, un torrente de carne, gritos y figuras enjauladas, no deja a nadie indiferente y ha alcanzado cotizaciones astronómicas, con una de sus piezas vendida en 2013 por la asombrosa cifra de 142 millones de dólares. Pero para entender el arte de Bacon, es necesario zambullirse en su vida, una existencia marcada por el exceso, la autodestrucción y una búsqueda constante de la emoción extrema.
Francis Bacon: Una Infancia Turbulenta y una Juventud Rebelde
Francis Bacon nació en Dublín en 1909, aunque su carrera se desarrolló en Londres durante 67 años, siendo considerado un pintor británico hasta su muerte en Madrid en 1992. Su origen fue complejo:
- Conflictos Familiares: Su padre era un militar severo y aficionado a los caballos de carreras. La relación se rompió cuando su padre lo descubrió probándose la ropa de su madre, un acto que lo llevó a ser expulsado de la casa.
- Vida Difícil: Aquejado de asma crónico, no tuvo una educación reglada debido a los constantes desplazamientos familiares. Al ser repudiado, tuvo que malvivir en Londres, trabajando incluso como «chapero» para subsistir.
- Viaje a Berlín: Un viaje a Berlín con un amigo de su padre, supuestamente para «hacerse un hombre», terminó por afirmar su libertad en el ambiente cultural y liberado de la época, seduciendo a su propio mentor.
El Artista Nace de la Violencia y la Destrucción
Bacon no llegó a la pintura de forma tradicional. Su vocación explotó a los 20 años, alrededor de 1929, tras quedar fascinado por dos experiencias fundamentales:
- Picasso: Una exposición del pintor español, donde la deformación cubista de la figura humana lo impactó profundamente.
- Poussin: La visión de La Masacre de los Inocentes de Nicolas Poussin, que le reveló el poder de la violencia y el horror en el arte.
Irónicamente, la dificultad para plasmar la brutalidad que buscaba lo llevó a un hábito autodestructivo: destrozaba sin piedad sus propias obras si no alcanzaban el nivel de tensión deseado. Se sabe que, en ocasiones, pedía a un vecino o a una persona contratada que quemara sus cuadros no deseados, una práctica que solo pudo ser frenada al final de su vida por su galerista.
Antes de dedicarse por completo a la pintura, trabajó como diseñador de muebles modernos y decorador de interiores. Este pasado dejó una marca indeleble en su obra, con el uso de fondos planos y la aparición recurrente de mobiliario o estructuras arquitectónicas sencillas que enmarcan a sus atormentadas figuras.
El Estilo: Deformación, Perspectiva y Exceso
La obra de Bacon es inconfundible, caracterizada por un conjunto de métodos y obsesiones temáticas:
- Pintura Fotográfica: No le gustaba pintar del natural. Se sentía muy nervioso con un modelo vivo. En su lugar, pintaba a partir de fotografías, coleccionando recortes de carnet, recortes de periódicos y libros, y usando los efectos fotográficos como el desenfoque, la distorsión, la anamorfosis o la superposición de imágenes.
- El Taller en el Lienzo: A pesar de que su estudio era un caos total (lleno de trapos sucios, pintura en las paredes y miles de recortes), sus composiciones finales son sorprendentemente limpias y ordenadas.
- Temas Macabros: Sus figuras, a menudo hombres, parecen estar a punto de vomitar. Sus obsesiones temáticas incluían el sadomasoquismo, los excesos etílicos, la carne, los miembros amputados y el humor negro. Sus parejas y amantes fueron el principal foco de sus retratos y trípticos.
- La Jaula Espacial: Utilizaba efectos de perspectiva extraños, con figuras en medio de habitaciones extrañas, ventanas que aparecen de golpe, y el uso de flechas o líneas para centrar la atención en un punto específico, como si enmarcara sus figuras en una especie de caja o jaula.
En cuanto a la técnica, Bacon era heterodoxo: utilizaba el reverso de la tela (el lino sin imprimación) como base, y aplicaba la pintura no solo con pinceles, sino también con trapos, esponjas, rodillos y sus propias manos, buscando texturas salvajes.
Obsesionado con sus Maestros
A pesar de su vanguardismo, Bacon era un artista profundamente clásico y obsesionado con la Historia del Arte. No temía reinterpretar o citar a los grandes:
- Velázquez: Son famosas sus versiones de los Retratos del Papa Inocencio X, que convertía en figuras gritonas y distorsionadas.
- Rembrandt: Se inspiró en el buey abierto del maestro neerlandés.
- Miguel Ángel: Estaba fascinado por las esculturas de los esclavos.
- Cinema: Tomó como referencia las bocas abiertas de las películas de Eisenstein.
Bacon fue un pintor de extremos, un hombre que vivió su vida al límite, coleccionando vicios y relaciones tormentosas (dos de sus parejas se suicidaron). Toda esa turbulencia vital se vertió en lienzos que, aunque ordenados, nos confrontan con la cruda y perturbadora realidad del ser humano. Fue, en definitiva, un gigante cuya arte nos recuerda que la pintura no tiene por qué ser bella para ser profundamente humana y fascinante.